Guion de teatro en Castellon – La importancia de llamarse Ernesto – Cultura

guion de teatroGuion de teatro en Castellon La importancia de llamarse Ernesto de Oscar Wilde

Personajes

  • John Worthing, J. P.
  • Algernon Moncrieff.
  • El Reverendo Canónigo Casulla, D. D.
  • Merriman, mayordomo.
  • Lane, criado.
  • Lady Bracknell.
  • La Honorable Gwendoline Fairfax.
  • Cecilia Cardew.
  • Miss Prism, institutriz.

Primer Acto

Decoración: Saloncito íntimo en el piso de Algernon, en Half-Moon-Street. La habitación está lujosa y artísticamente amueblado. Óyese un piano en el cuarto contiguo. LANE está preparando sobre la mesa el servicio para el té de la tarde, y después que cesa la música entra ALGERNON.
ALGERNON.- ¿Ha oído usted lo que estaba tocando, Lane?

LANE.- No creí que fuese de buena educación escuchar, señor.

ALGERNON.- Lo siento por usted, entonces. No toco correctamente -todo el mundo puede tocar correctamente-, pero toco con una expresión admirable. En lo que al piano se refiere, el sentimiento es mi fuerte. Guardo la ciencia para la Vida.

LANE.- Sí, señor.

ALGERNON.- Y, hablando de la ciencia de la Vida, ¿ha hecho usted cortar los sandwiches de pepino para lady Bracknell?

LANE.- Sí, señor. (Los presenta sobre una bandeja.)

ALGERNON.- (Los examina, coge dos y se sienta en el sofá.) ¡Oh!… Y a propósito, Lane: he visto en su libro de cuentas que el jueves por la noche, cuando lord Shoreman y míster Worthing cenaron conmigo, anotó usted ocho botellas de champagne de consumo.

LANE.- Sí, señor; ocho botellas y cuarto.

ALGERNON.- ¿Por qué será que en una casa de soltero son, invariablemente, los criados los que se beben el champagne? Lo pregunto simplemente a título de información.

LANE.- Yo lo atribuyo a la calidad superior del vino, señor. He observado con frecuencia que en las casas de los hombres casados rara vez es de primer orden el champagne.

ALGERNON.- ¡Dios mío! ¿Tan desmoralizador es el matrimonio?

LANE.- Yo creo que es un estado muy agradable, señor. Tengo de él poquísima experiencia, hasta ahora. No he estado casado, más que una vez. Fue a causa de una mala inteligencia entre una muchacha y Yo.

ALGERNON.- (Lánguidamente.) No sé si me interesa mucho su vida familiar, Lane.

LANE.- No, señor; no es un tema muy interesante. Yo nunca pienso en ella.

ALGERNON.- Es naturalísimo y no lo dudo. Nada más, Lane; gracias.

LANE.- Gracias, señor (sale LANE.)

ALGERNON.- ¡Las ideas de Lane sobre el matrimonio parecen algo relajadas. Realmente, si las clases inferiores no dan buen ejemplo, ¿para qué sirven en este mundo? Como clases,, parece que no tienen en absoluto sentido de responsabilidad moral. (Entra LANE.)

LANE.- Míster Ernesto Worthing. (Entra John. sale LANE.)

ALGERNON.- ¿Cómo estás, mi querido Ernesto? ¿Qué te trae a la ciudad?

JOHN.- ¡Oh, la diversión, la diversión! ¿Qué otra cosa trae a la gente? ¡Ya te veo comiendo como de costumbre, Algy!

ALGERNON.- (Severamente.) Creo que es costumbre en la buena sociedad tomar un ligero refrigerio a las cinco. ¿Dónde has estado desde el jueves pasado?

JOHN- (Sentándose en el sofá.) En el campo.

ALGERNON.- ¿Y qué haces enterrado allí?

JOHN.- (Quitándose los guantes.) Cuando está uno en la ciudad, se divierte uno solo. Cuando está uno en el campo, divierte a los demás. Lo cual es extraordinariamente aburrido.

ALGERNON.- ¿Y quiénes son esas gentes a las que diviertes?

JOHN.- (Con tono ligero) ¡Oh! Vecinos, vecinos.

ALGERNON.- ¿Has encontrado vecinos agradables en tu tierra del Shropshire?

JOHN.- ¡Perfectamente molestos! No hablo nunca con ninguno de ellos.

ALGERNON.- ¡De qué modo más enorme debes divertirles! (Se levanta y coge un «sandwich».) A propósito, ¿el Shropshire es tu tierra, verdad?

JOHN.- ¿Eh? ¿El Shropshire? Sí, claro, es. ¡Hola! ¿Por qué todas esas tazas? ¿Por qué esos sandwiches de pepino? ¿Por qué ese loco derroche en un hombre tan joven? ¿Quién va a venir a tomar el té?

ALGERNON.- ¡Oh! Solamente mi tía Augusta y Gundelinda.

JOHN.- ¡Qué encanto! ¡Perfectamente!

ALGERNON.- Sí, está muy bien; pero temo que a tía Augusta no le agrade mucho que estés aquí.

JOHN.- ¿Puedo preguntar por qué?

ALGERNON.- Chico, tu manera de flirtear con Gundelinda es perfectamente ignominiosa. Es casi tan inicua como la manera de flirtear Gundelinda contigo.

JOHN.- Estoy enamorado de Gundelinda. He venido a Londres expresamente para declararme a ella.

ALGERNON.- Yo creí que habías venido a divertirte… A esto lo llamo yo venir a negocios.

JOHN.- ¡Qué poco romántico eres!

ALGERNON.- Realmente, no veo nada romántico en una declaración. Es muy romántico estar enamorado. Pero no hay nada romántico en una declaración definitiva. ¡Toma! Como que pueden decirle a un que sí. Yo creo que así sucede, generalmente. Y entonces, ¡se acabó todo apasionamiento! La verdadera esencia del romanticismo es la incertidumbre. Si alguna vez me caso, haré todo lo posible por olvidar el suceso.

JOHN.- Eso no lo dudo, mi querido Algy. El Tribunal de Divorcio fue inventado especialmente para la gente que tiene la memoria, tan extraordinariamente constituida.

ALGERNON.- ¡Oh, es inútil hacer reflexiones sobre este tema! Los divorcios se elaboran en el cielo… (JACK alarga la mano para coger un «sandwich». ALGERNON se interpone en el acto.) Hazme el favor de no tocar los sandwiches de pepino. Están preparados especialmente para tía Augusta. (Coge uno y se lo come.)

JOHN.- ¡Bueno, pues tú te los comes todo el tiempo!…

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